miércoles, 19 de marzo de 2008

Terapia cognitiva (II)

La conjunción de la lingüística (Noam Chomsky), el psicoanálisis culturalista (K. Horney) y no ortodoxo (Sullivan) con el potente concepto de los constructos personales (G. Kelly), permitieron a A. Ellis y a A. Beck comprender al ser humano como sujetos de creencias, SUPUESTOS PERSONALES (Beck) racionales, pero sobre todo irracionales (exigencias, debería, tengo que conseguir aprobación, no cometer errores), que les hacen vulnerables o sitúan en riesgo de padecer trastornos emocionales de substrato ansioso, unidos a trastornos con creencias por la distorsiones cognitivas o errores inferenciales del pensamiento.
Los supuestos personales se refieren a la organización conceptual abstracta de valores, creencias y metas personales, de las que podemos, o no, ser conscientes, que pudiendo permanecer "inactivos a lo largo del tiempo" se activan ante situaciones desencadenantes o precipitantes (de orden físico, biológico o social), produciendo distorsiones cognitivas (procesamiento de la información distorsionado) y automatismos mentales ( pensamientos negativos que se presentan avasallantes en la conciencia), que serían los contenidos de las distorsiones.
La salud mental estaría ligada a las creencias racionales (Ellis) y los trastornos nacerían de las irracionales. La tristeza que pudiera nacer de una creencia racional: "es triste haber sufrido la pérdida de aquel ser querido, pero estaba en la edad", contrasta con la depresión surgida de un juicio tal como: "no debería haber sufrido esta pérdida, ha sido por mi culpa y es terrible que sea así".
Ejemplos de distorsión cognitiva muy presentes en la ansiedad y en las depresiones ligeras son las INFERENCIAS ARBITRARIAS o conclusiones no basadas en datos que las apoyen o en datos que la contradicen; las SOBREGENERALIZACIONES o elaboración de conclusiones generales a partir de un hecho aislado; las MAXIMIZACIÓN o MINIMIZACIÓN por las que se evalúan los acontecimientos otorgándole un peso exagerado o infravalorado en base a los datos de la realidad; la PERSONALIZACIÓN o tendencia excesiva del sujeto a atribuir acontecimientos externos como referidos a su persona, sin que exista razón para ello; el PENSAMIENTO DICOTÓMICO o POLARIZACIÓN, tendencia a clasificar las experiencias en una o dos categorías opuestas y extremas saltándose la existencia de valoraciones o hechos intermedios; la VISIÓN CATASTRÓFICA o tendencia a ver la realidad de forma apocalíptica; la CULPABILIDAD de todos los actos realizados por el paciente cuando le generan malestar.
Las CREENCIAS IRRACIONALES o SISTEMA COGNITIVO PRIMITIVO se conjugan con los verbos tener que, deber hacer, mientras que las RACIONALES o SISTEMA COGNITIVO MADURO se enuncian con los verbos gustarme, aceptar, tolerar, evaluar. La sustitución de aquellas por estas es el objetivo de la terapéutica mediante la detección de las distorsiones cognitivas del sujeto implicadas en el trastorno emocional, su refutación y su final corrección. Un aspecto que conecta la terapia cognoscitiva con la conductual, son los “deberes de casa” (actividades sustitutorias, tareas graduadas, enfrentamiento asertivo con situaciones de tensión…) que el paciente ha de realizar de forma activa; conectada con la relajación están los ejercicios por los que se sitúa imaginativamente en situaciones de riesgo emocional.

En el terapeuta recae una doble función: la de guía, ayudando al paciente a entender la manera en que las cogniciones influyen en sus emociones y conductas disfuncionales; y la de catalizador, ayudando a promover experiencias correctivas o nuevos aprendizajes que promuevan a su vez pensamientos y habilidades más adaptativas.

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